Transición de género: cómo acompañarla desde la psicología

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Cuando una persona trans llega a consulta, no viene a que le expliquemos quién es. Viene, en todo caso, a que la acompañemos a descubrir, o seguir construyendo, quién es.

Durante años los procesos de transición han sido abordados desde una mirada patologizante. Hoy sabemos que ese enfoque no solo es limitado, sino que puede generar sufrimiento innecesario. Afortunadamente, las cosas están cambiando.

La transición no es un problema que resolver

Transición de género

Lo primero que necesitamos entender, es que la transición no es una crisis, ni un síntoma, ni una fase que haya que descartar o confirmar. Es un camino personal.

Puede ser complejo, sí. Puede implicar dudas, miedo, decisiones importantes. Pero la complejidad no viene de que haya algo mal en la persona. Proviene, en muchas ocasiones, de vivir en un entorno que todavía cuestiona, exige explicaciones o impone modelos rígidos sobre cómo debe ser un hombre o una mujer.

Acompañar desde la psicología no significa dirigir el proceso ni validarlo. Significa ofrecer un espacio donde pueda pensarse con libertad.

¿Qué hace entonces un psicólogo en este proceso?

El psicólogo ofrece un espacio seguro donde la persona pueda mostrarse sin miedo a ser juzgada. Un lugar dónde hablar de lo que está viviendo: los cambios, las dudas, los miedos, la relación con su cuerpo, las decisiones que tiene que tomar…

Algunas personas necesitan elaborar un duelo por lo que está dejando atrás o por relaciones que cambian durante la transición. Otras necesitan apoyo para afrontar el estrés que les supone vivir en entornos donde no se sienten respetadas.

Otras simplemente necesitan poder ser ellas mismas, sin tener que justificarse continuamente.

No existe un único modelo de transición. No todas las personas trans quieren lo mismo, ni necesitan llegar al mismo lugar para sentirse a gusto con ellas mismas. Algunas harán cambios médicos, otras solo sociales; algunas sentirán certeza desde el principio, otras necesitarán tiempo. Acompañar es aceptar esa diversidad sin imponer un guion previo.

La consulta no tiene que ser el lugar donde alguien llega para decidir quién es. puede ser el lugar donde la persona va encontrando, poco a poco más palabras para nombrarse. Una visión más coherente entre lo que siente y lo que muestra al mundo.

El género no existe en el vació. Está conectado con la historia personal, con el cuerpo, con los vínculos, con las experiencias tempranas de reconocimiento o rechazo. Y todo eso hay que trabajarlo en profundidad en consulta.

Desde una perspectiva clínica, también es importante recordar algo: identidad y malestar no son lo mismo. Un persona puede ser trans sin que eso sea el origen de su sufrimiento. Y, al mismo tiempo, puede necesitar apoyo psicológico por ansiedad, depresión o trauma, al igual que en cualquier otro proceso terapéutico. Reducir todo a la identidad de género empobrece la escucha.

Contar con un espacio terapéutico seguro y especializado puede marcar una gran diferencia durante el proceso de transición, especialmente cuando se trabaja desde una mirada libre de patologización. Puedes leer más sobre ello en este artículo sobre psicología LGTBIQ+ y perspectiva de género.

¿Cómo abordarlo en la infancia y adolescencia?

Muchas veces las familias tienen dudas sobre cómo acompañar sin invadir o sin quedarse paralizados por el miedo a que les ocurrirá a sus hijos.

Es comprensible. La adolescencia, ya es, en sí misma, una etapa de búsqueda y transformación. Si a eso se suma una exploración de la identidad de género, pueden aparecer dudas, inseguridades o temor a tomar decisiones precipitadas.

Desde nuestro modelo de trabajo, el acompañamiento no consiste en acelerar ni frenar. Consiste en ofrecer un espacio donde le niñe o adolescente, pueda hablar con libertad de cómo se siente o qué le genera malestar. Un espacio donde la identidad no tenga que ser defendida, ni tampoco haya urgencia por llegar a ninguna conclusión.

En la práctica, esto supone escuchar y poder hacer preguntas que permitan abrir más que cerrar, alojar emociones sin imponer interpretaciones y permitir que el proceso tenga su propio ritmo.

La familia tiene el papel de poder sostener el vinculo incluso cuando hay incertidumbre. Parte del trabajo terapéutico consiste en ayudar a las familias a ocupar ese lugar. Un lugar desde el que se pueda sostener sin controlar, escuchar, sin interrogar, y cuidar sin invalidar.

Además del acompañamiento psicológico, existen asociaciones como Naizen que ofrecen información, apoyo y recursos para familias y menores trans.

Si eres tú quién necesitas este espacio

Si estás en un proceso de transición o tienes dudas sobre el mismo, o acompañas a alguien que lo está, buscar apoyo profesional puede ser una forma de sostener ese camino. Merecer un espacio donde tu experiencia sea escuchada con respeto, sin juicio y sin prisa.

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Psicóloga Sanitaria BIO4928.

2 Máster en psicología clínica. Agente de igualdad.
Perspectiva de género.
Especialista en el trabajo con mujeres en temáticas de violencia de género, maternidades, fertilidad, traumas y otros.

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